Tenía ganas hacía tiempo de hacer esta receta, pero siempre se me ocurría hacer otra cosa. Pero hoy he dicho ¿por qué no?. Son tan fáciles que me da la impresión de que no será la última vez que las hornee. Muy dulces, hay que tener un poco de tiento con el aderezo porque pueden llegar a ser empalagosas. Y si te las comes después de un trozo de bizcocho, ya ni te cuento...
Siento no poder daros la fuente de donde cogí la receta. No lo apunté. He mirado en mis blogs favoritos y no la encuentro, pero descuidad que cuando menos la esté buscando... zas!, allí estará y os pondré el enlace.
Aquí os dejo la recetita:
- 400 gramos de mantequilla a temperatura ambiente
- 395 gramos de leche condensada
- 500 gramos de harina leudante (es decir, harina con levadura incluida)
- aroma
Batir la mantequilla hasta que esté cremosa. Añadir la leche condensada y mezclar bien.
Añadir el aroma (en mi caso opté por dividir la masa en dos y en una utilizar un extracto de menta que tenía y que aún no había usado. Quizá le debí echar un poco más, pero le va bien. La otra mitad la aromaticé con esencia de naranja, y esas sí que salieron buenísimas).
A continuación, añadir la harina poco a poco hasta que quede una masa parecida a la de las galletas de mantequilla. Yo tuve que añadir un poco más de harina de la que pone en la receta. La masa debe despegarse del cacharro y de las manos sin problema, y tener una consistencia que nos permita darle forma, bien estirándola y usando los cortadores, o bien, como hice yo, haciendo bolitas y colocándolas en la bandeja de horno.
Meterlas en el horno precalentado unos 10-12 minutos, con calor arriba y abajo hasta que estén doraditas. Y listo! Dejamos enfriar en una rejilla y a comerlas!
Os aconsejo que no la decoréis con azúcar glass como hice yo, porque como os digo son pelín empalagosas y eso le añade más azúcar aún. pero podéis utilizar chocolate, virutas, etc.
Espero que os haya gustado y, sobre todo, que la probéis. Un besote!!!
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